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RESEÑA / agosto-septiembre 2021 / No. 94
El ser y el exilio: vivir en el limbo



En estado de memoria
Tununa Mercado
Ciudad de México
Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial,
Universidad Nacional Autónoma de México, 2019

 

portada de Retrato de una familia en pedazos¿Quiénes somos cuando no nos reconocemos? Quizá nunca lo sepamos; pero el ejercicio por encontrar una respuesta, aunque a ratos mate tiempo, requiere de una intensa y profunda introspección. Existen momentos en los que nuestra identidad flaquea, y entonces las preguntas borbotean sin cesar, nublando cualquier otra cosa hasta sólo dejar la incertidumbre. Así, los recuerdos adquieren una importancia primaria, pues serán la base de cualquier acercamiento a la respuesta, lo que nos permita cuestionar sin tambalear tanto: la resistencia al vacío. En estado de memoria (UNAM, 2019), de Tununa Mercado, es el quinto tomo de la serie Vindictas: un proyecto que rescata a diversas autoras olvidadas por el canon patriarcal. En 16 ensayos, Mercado construye una crónica, a partir de la memoria, sobre las diferentes interrogantes ontológicas que le surgieron a partir del exilio latinoamericano de mediados del siglo XX.

Nilda (Tununa) Mercado es una escritora, periodista y feminista argentina. En 1966 deja su país y viaja a Francia, donde da clases. Regresa y, debido al golpe de Estado, se refugia en México de 1974 hasta 1987. En estado de memoria es uno de esos casos donde autor y obra se fusionan, haciendo de estos textos, más que una autobiografía, el honesto testimonio de sus inquietudes. Todas las peripecias filosóficas que conlleva el exilio son presentadas en esta reunión de textos que fluctúan entre el ensayo, la biografía, la novela y la crónica.

La memoria suele ser terreno escabroso; recordar no es certero. El olvido, la negación, la proyección, las inconsistencias, así como cualquier otro mecanismo de defensa y proceso de almacenamiento, hacen de las evocaciones meros referentes en los que no se puede confiar; pero Mercado aprovecha su laberíntica naturaleza para revivir y cuestionar las condiciones del exilio. Lo que observamos a través de estos textos es la incapacidad de deslindar los hechos públicos e históricos de los personales. Consecuentemente, la Historia da un giro al contarse desde lo íntimo: las fechas, los lugares, los hechos, los personajes, toman un nuevo papel y se reivindican. Aquí, el discurso histórico se construye a partir de las nimiedades, al igual que los ensayos que conforman esta obra.

El exilio del que habla Mercado no es sólo territorial, también personal; implica dejar de reconocerse a sí misma. Cada una de las meditaciones, que al mismo tiempo son recuerdos, indagan en los diversos intentos de la autora por recuperar su identidad. Arribar a un lugar desconocido y tratar de construir una vida nueva, ajena a un pasado que previamente configuraba a una persona, supone una extrañeza ontológica. La autora cuestiona, entre muchas otras cosas, qué es la nacionalidad, cómo funciona la memoria y cuál es la importancia de los recuerdos.

El no saber dónde se encuentra el lugar de pertenencia provoca que el yo quede a la deriva, como esperando a que la persona encuentre en algún lado el imán compatible para colocarlo de nuevo en su lugar. La sensación del vacío desprende, como resultado, infinitas interrogantes y crisis existenciales, las cuales pueden disimularse con la ayuda de nuevos rituales de supervivencia ontológica. “Una se pasa toda la vida tratando de apoyarse en columnas, de adherir la pobre masa psíquica a estructuras exteriores con el objeto de dotarla de una forma; [...] se hace costumbres buscando en la repetición la manera de evitar la infelicidad”. Mercado cuestiona si la persona se configura a partir de su pasado, su memoria, sus fantasmas, sus sueños, su entorno o sus enfermedades. Entre la veleidosa situación en la que se encuentra, la rutina surge como anestesia a la inconsistencia. Pequeñas parafernalias como visitar cada semana la casa de León Trotsky —el gran refugiado—, comprar platos de talavera o someterse a la surreal burocracia mexicana son vanos intentos de pertenencia y sedantes para la melancolía. ¿Quién soy?, además de ser el motor de esta obra, se convierte en la gran interrogante del exilio.

La incertidumbre y la nada pueden devenir en la locura. Lo que Mercado exhibe dentro de En estado de memoria es la habilidad de haberse mantenido con los pies sobre la tierra a partir de su mirada fija en aquellas cosas que se consideran intrascendentes. Es una receta, un nombre, una enfermedad, lo que cataliza la invasión del pasado al presente. Más allá de sólo recordar por nostalgia, lo que la autora busca al remover las cenizas de los recuerdos es no dejar que aquellas personas, lugares y cosas se deslicen sigilosamente al olvido, que para la autora es consecuencia de la insignificancia. De ahí que las nimiedades sean más importantes que las fechas, los recintos, y cualquier otro dato duro que pueda aparecer en un libro de Historia. Los fantasmas pretéritos aparecen a partir de aquellas pequeñas cosas para cobrar vida de nuevo y, al mismo tiempo, (re)construyen el pasado de quien los invoca.

Otra gran interrogante que se hace Mercado es si el exilio es un proceso cuyo fin otorga paz e identidad, o si acaso transforma al vacío en una permanente condición, en “[...] un campo fértil para el ejercicio de la faltancia”. El exilio mide el tiempo en un antes y un después de él. Contrario a lo que se piensa del regreso, los refugiados están condenados a no pertenecer jamás: una vez fuera de su lugar de origen, no hay modo de identificarse plenamente respecto a otros, permaneciendo, así, en un perenne limbo. “Para el que regresa, el país no es continente y de nada valdrá que pretenda confundirse en las estructuras permanentes; no hay caja, no hay casa donde meterse”. La incertidumbre personal no fue una experiencia exclusiva de Mercado, pues miles de latinoamericanos refugiados en el extranjero compartían las mismas inquietudes identitarias. Nadie baja al mismo río dos veces, dijo Heráclito, y la escritora parece comprender esa incómoda experiencia. Con el regreso todo cambia, la Tununa que dejó una vida en Argentina no es la misma que años después regresa en busca de la identidad que abandonó junto a su casa, sus amigos, su trabajo, su familia. El regreso es un ir y venir entre lo que se conocía y lo que se ignora. Aunque En estado de memoria parte de lo anecdótico, la autora logra universalizar las memorias, haciendo de los textos que lo conforman más que un confesionario, una exploración filosófica.

La hibridez de En estado de memoria asimila la manera en la que suelen desarrollarse los recuerdos. Se inicia con algo puntual e inesperado. Después, se desprenden rizomas que nos encaminan hacia otros temas completamente diferentes. Cada ensayo parece ser producto de un catalizador espontáneo. Recorremos las memorias de la autora por medio de una escritura sencilla, honesta y fragmentaria. Mercado nos lleva a explorar una nueva cara del exilio al mismo tiempo que realiza un ejercicio de introspección: estos textos evocan sus turbaciones; el revivirlas conduce de nuevo al desconocimiento de ella misma y al proceso reflexivo que supone esclarecer algunas de las interrogantes. Más allá de crear testimonios acerca de lo que significó el exilio para ella, esta obra revela las aún latentes inquietudes ontológicas que entonces germinaron pero siguen sin solución alguna.

No está de más reconocer la misión y el alcance de la colección Vindictas. En tiempos donde el campo cultural tambalea gracias al redescubrimiento de voces femeninas, esta serie rescata obras que antes unos pocos tenían el privilegio de poseer y conocer. Aunque existe una deuda histórica y literaria que le debemos a las autoras, las contribuciones que cada una de sus obras hacen a la literatura latinoamericana es de suma importancia, pues notamos innovaciones, tanto de fondo como en la forma, en sus respectivos géneros. Tununa Mercado goza de un segundo debut al formar parte de esta colección.

En estado de memoria refleja los ensayos de la autora por construir una identidad a partir de la incertidumbre, de reconocerse en el vacío. A través de una escritura transparente, el exilio se convierte en, de acuerdo a Nora de la Cruz —quien introduce la obra—, una “[...] experiencia ontológica más que biográfica”. Aquí el recuerdo es la resistencia al inminente olvido que causa el trauma o la distancia. Tununa Mercado pone el ojo en las insignificancias, corroborando que las cosas pequeñas son las que más importan y las que más se aferran al pasado. Esta quimera ontológica, con miembros de la crónica y entrañas ensayísticas, es un nuevo retrato del exilio; no uno político ni social, sino uno personal. La identificación mientras se está a la deriva no es tarea sencilla. Aunque las posibilidades de encontrar una respuesta son básicamente nulas, Mercado recuerda una vez más la importancia del trayecto, del ejercicio en sí mismo, y no las conclusiones que salgan de él. Desconocerse es, al fin y al cabo, identificarse con la nada, “hacer de un limbo un país”.



Olympia Ramírez Olivárez (San Diego, 1998). Estudiante de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha publicado poesía, ensayo y reseñas literarias en medios y revistas digitales como Efecto Antabus, Página Salmón, Punto de partida, Ruleta Rusa y Sopitas.