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POESÍA / diciembre 2020-enero 2021 / No. 90

Poemas


Moteles

Cuántas perlitas no habrán recogido aquí cuántos restos
de uñas cuántos aretes que remedian
los momentos de silencio con un ting
zapatillas a la sombra olas heladas
en sienes que no aspiran

los pasadores infestan el buró
pines, espejos, diademas de quién sabe
cuántos años
todas esas chucherías repiquetean

pesan una tonelada



Niágara

La madrugada en que las cobijas por fin nos descontengan y olvidemos
no chocar con cada esquina como astronautas revoltosas

cuando venzamos el follaje de toallas y platiquemos en lo que calienta el agua
recordaré que nunca he visto en realidad una cascada pero cae aquí entre tu hombro y cuello
y me enfriaré sólo un momento
para cerrar la puerta



Alaska

Durante los aguaceros me da por recordar Alaska. Veo la curvatura exacta del viejo monitor que mi madre desempolvó el día antes de partir a su crucero, con la ternura de quien deja a su cría en manos de un guardián robot seguro, de quien envidia un poco el desapego, el frío que ella engrana cada día, con cada click.



Amazon

Mi secreto más denso está en una caja
siempre llegan en las tardes
por las escaleras
tres vueltas al cerrojo

no, no es aquí
mi timbre está descompuesto
hasta que demuestre lo contrario
no toco en ningún sitio

pero me obligo a asomarme
cada vez que se estaciona un coche
escucho pasos en lo oscuro
crepitan las persianas
hago a un lado los trastes de unicel

pausa

me quedo esperando



Mosca

Amiga de las lámparas
hace tiempo me quemé
corté mis dedos antes de saber que los tenía
apenas 26 y ya soy fósil

recuerdo
biblia proyectil hacia los muslos
esquivo el lodazal de los sagrarios
manotazo
mi última comunión fue la primera
y no voy a adaptar mi
fe en la carne descompuesta
no voy a atrofiar mis sedas sensoriales
siento mucho
que me hayan construido con
mi sal es
de otra elevación
me petrifico
me nutren las partículas del suelo
y no voy a adaptarme



Último día

Final feliz sin pirotecnia
sólo velas salpicando chispas
en el pastel que compartes con tu ex jefe
ni un minuto de silencio
y regresas a tu lugar

así se acaba el mundo:
no con un grito sino con un parpadeo
de monitor en pausa y
breves periodos de sol
refractados en un tóper








Marcela Santos (Monterrey, 1994). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Poemas suyos aparecen en la plaquette Poesía sin paraísos (Casa Tomada, 2019). Su primer poemario será publicado por la editorial Dharma Books.