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POESÍA / Diciembre 2018-Enero 2019 / No. 77
País mío no existes
República del excremento

País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo
ROQUE DALTON

Porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido
EFRAÍN HUERTA

Yo del país decapitado

País mío
país nuestro
todo es el cúmulo de tus heridas y el pus
tantos siglos
                  bajo el signo de la necrosis
que ya no reconoces la sinfonía de la ternura más elaborada
Sólo mordazas Sólo mordazas en ti

País mío país nuestro
país de madres decapitadas y ninfas sarnosas
de cíclopes tatuados con cuchillo en mano
de ancianas sin la claridad de la luna
de niños niños anhelando los violines del mar y del cielo
los clarinetes de los bosques sin manchas de vinagre

República del excremento
país de cerdos que devoran los corazones de los más pequeños
país   país   país   país   país   país
de cocodrilos en las esquinas a la espera de un transeúnte descuidado
país mío un cadáver la esperanza leños secos los burócratas
país de clicas que se expanden
como células cancerosas en un cuerpo de edad avanzada
de fosas clandestinas
país de homeboys y palabreros
cárceles atestadas de aguijones moscas y ratones
País sin mausoleo digno de veneración
nadie te ofrenda cantos de gloriosa paz y trompetas de oro y jazmines
País el ataúd de mis palabras
País sangrante fruto sobre mi mano
país
     plaga de termitas y leones
País mío
contemplo tus escombros de templo de gusano
en medio sólo el llanto se alza como bandera descolorida
Te adentras en mí con las páginas sangrientas de los periódicos
en las cuales hay niñas mutiladas de los arcoíris
País de gases lacrimógenos machetes y fusiles contra la danza del sol
piara de policías y políticos

País mío
las ratas y millones de cucarachas salpican tu morgue (a punto del colapso)
y las cabezas de mujeres te pueblan los ríos como cangrejos
sólo lobos custodian tus fronteras de aluminio y electricidad

¿Cuándo
              país mío
serás la hierba acariciada por la lluvia más generosa
a darte al sol
                    como niño a su joven madre
                    como el cometa al cielo sin lágrimas
a ser abrigo de begonias para los insectos
los que no saben de la partitura
vivaz como un paisaje del trópico?

¿Cuándo serás la música del alba y no de la rabia endurecida?

Yo sólo escucho los aullidos de la noche que avanza como una fila de inmigrantes en el desierto

País mío no existes
es la verdad
la terrible verdad de tu epitafio
nadie habla más de ti
                                para el vuelo de los caballos
sólo tu sangre es digna de titular
vos mi enemigo de primera fila
por tu ponzoña
por tus golpes en cada una de las notas de mi delirio

¿Cuándo
            país mío
                        los girasoles se multiplicarán para los niños con pega en sus estómagos? Sólo conocen la crueldad en forma de picahielo
sólo conocen la crueldad en forma de político

¿Cuándo tendrás la vivacidad de las heliconias de un parque botánico
y las gaviotas de un mar muy limpio
y el sabor del melón
y podrás dar caricias a nosotros los desvalidos como un padre comprensivo?
¿cuándo el sosiego de mi raíz?
¿cuándo el recuerdo sin más llanto como mazo?
¿cuándo la brisa en vez de alacranes para mi cabellera?
¿cuándo serás la casa para mis espinas
el bálsamo la miel el aroma a lavanda para este dolor acumulado?

País mío
¿por qué tantas murallas y cercos eléctricos para tus ojos?
¿por qué tu maquinaria del odio sigue funcionando en este olvido?
¿por qué las alabanzas no te resucitan?
¿por qué te vuelves hueso roído en la mugre?

País mío
te pareces al sauce talado que ha sido dejado a la orilla de la carretera
al sicario sangrando en el hacinamiento de una cárcel del Pacífico
al buey destazado
Te inhalo
              como la cocaína más barata
a veces eres una luz que entra a una de las grutas de mi corazón
y te posas allí como corderito
y te miro caer al fango desde siempre
                                   desde siempre

País mío
sólo destacas por ser el criminal de la noche más extensa
la noche cúpula de víboras
por el filo de tus cuchillos contra la risa
por los disparos de tus noches sin bondad
                                                            colmadas de murciélagos
por tus chupaderos y autohoteles en donde la esperanza siempre se oxida muy temprano
en ti el licor es una hemorragia sin cura
y tus calles
y tus discotecas
y tus prostíbulos y tu psiquiátrico me recuerdan a los intestinos necróticos que he visto en los hospitales del excremento

Hermanos míos
todo el país la línea blanca
la elegía de las ballenas
País el peso de tus lágrimas me hunde en la desolación de los violines

País
amoroso jardín para los bendecidos por el dólar y las joyas
¡Gloria a la bestialidad!
¡Gracias por nuestro hundimiento!
Nada de nuestros sueños quedará en pie
sólo sus bancos y sus compañías y sus centros comerciales y sus partidos políticos
Nada de nosotros quedará en pie ante la tempestad de las sierras eléctricas

País mío
país nuestro que estás en el cielo
¿por qué tus hijos te decapitaron con este machete?

De República del excremento (antología personal mínima) (Editorial La Chifurnia, 2017)



Caravanas del dolor

Este país
cruzado por las caravanas del dolor
en permanente búsqueda de una esperanza
En la frontera norte las reciben
gas lacrimógeno milicias puños de odio
hogueras para su ternura de luna incandescente
balas de goma pan podrido fosas clandestinas
altares de la muerte

Ni aquí ni allá cabida existe
para su dolor
del tamaño de una selva
El luto un pájaro adentro

Su destino:
huir de los tiroteos de las llamas de la indiferencia
de los escombros del esplendor
de las calles de sangre

Las caravanas del dolor
necesitan de nuestros corazones de refugio
y así
florecer en cualquier parte del mundo

Inédito



El lamento de Florentina

El sol de mi vientre
                              copioso de gorriones
tan pequeño
tan de mí
tan de mi silencio
pequeño latido de olas plateadas
altas olas plateadas acarameladas
pequeño sol de rabia
ron de sangre fluyendo por las calles
lirio de mis vendavales
un 10 de mayo fue asesinado
en Chamelecón

Desde muy pequeña
supe de las tormentas eléctricas
de los cántaros de excremento
y
probé
muy poco la belleza del cielo turquesa
de mi pueblo tan remoto
de la claridad de sus mañanas
de la limpieza de su viento
No pude recorrer sus tejados sin miedo
Ni cantar a los cafetales de Usulután

Mi padre murió joven
y mi madre me regaló
Y caí en las cosechas de café de un pueblo en el oriente de un país olvidado del esplendor de las guacamayas
tan lejos de todo lo conocido hasta entonces
Crecí entre lágrimas
                              maíz
                                      frutos de los cerros apretones de verde

Ahora soy
una ceiba que llora por su hijo
en un pozo perdido

Los disparos dieron fin
a su risa de arcoíris
un 10 de mayo

¿Quién puede bailar
si han desprendido de mis raíces la alegría?
¿Quién puede bailar
si de mi pecho sale un rebaño de cardos
y rencor en forma de cuchillo?

¿Qué haré
si los medicamentos no aplacan esta pena
del tamaño de un río caudaloso
si esta pena es una onda expansiva
                     un saco de estiércol
                     agua hirviendo
                     un zopilote que me quitó los ojos?

Y hoy
aquí
       en Chamelecón
espero los disparos
que aniquilen mi penumbra endurecida



Noche de víboras

Noche de víboras
cuando mi cuerpo como un clavo oxidado fue encontrado a la orilla del río Acelhuate

Noche de víboras
cuando mi madre levantó el teléfono una tarde
y supo del destino de mi cuerpo:
fue repartido por las plazas como si de pétalos se tratara
¿dónde mis ojos?
¿dónde mis brazos?
Soy cascajo

Noche de víboras
cuando mi hermano frente a mis retratos lloró y brindó oraciones
Desde ese día
ningún cirio fue suficiente para iluminar su soledad

Noche de víboras
cuando mi hermana se volvió una pared de cal
y
  su corazón
                  un velo negro
                                      humo
                                               pozo de amargura
                                                             y
                                                                mi corazón
                                                                                una anciana con llanto como abrigo
                                                                 y
                              el corazón de este país un promontorio de cenizas

Noche de víboras
noche sin lentejuelas pirotécnicas en los bordes
noche carente de caramelos
noche sin tercos cantos de refugio
noche de plegarias encendidas
cuando mi hijo en vez de mi cuerpo
gusanos para su esperanza encontró

¿Cuándo el fin de la noche de víboras
                                                    si el desierto no me abraza
                                                  si todo son disparos caries corazones atados al ahogo
                                                                            en el pedazo de dolor llamado país?

Inédito



El Colibrí

Vicky
        un bambú en la noche
        una amapola cortada por las navajas de la indiferencia
desea un chupadero de nombre El Colibrí
vistoso como el tatuaje de su espalda
                                                     delgada
                                                                color canela quemada
Eso ha escrito en su libreta
Ella tiene cáncer en la garganta como un puñado de hormigas
Su pañuelo satinado cubre su calva
y sus anillos las quemaduras
Sueña con un chupadero en la avenida roja
con un altar al centro muchas velas
Habrá un cuadro de la Virgen de Guadalupe
y
un rosario enorme que cuelgue hasta el suelo

Vicky
        un colibrí en la tempestad de la sangre

Inédito



La madre del panadero
No hay más corona de
espinas que los recuerdos
que se clavan en la carne
LEOPOLDO MARÍA PANERO, “El lamento de José de Arimatea”

Desde ahora
mi corazón es hábitat de ripio y de zopilotes
un cántaro de agruras en la noche profunda

Hijo
te seguiré esperando en los atardeceres
como a ese pan que vos preparabas y repartías entre los cuchillos
Eras ese pan dulce con aurora que alimentaba mis melodías de invierno
ese pan que sabía al asombro de las mandarinas
ese pan preparado por el cielo de tus ilusiones

Hijo
te cubrí con mis ramas desde pequeño
En mis cultivos fuiste adorado sol
el único río
el único puente
carruaje de luciérnagas
Pero ahora
              heme aquí
                            inútil ante tu despedida definitiva
ante este canto fúnebre de cárcel
Me pueblo de cardos el vientre
Heme aquí
como hormiga
llorando frente al féretro de las desdichas
Heme aquí
con tu retrato como escudo
con tu voz envolviendo mi columna vertebral
con tu silueta que dibuja lágrimas

Estoy en esta casa de adobe y muebles carcomidos
con un patio al frente
con árboles raquíticos como mi espíritu
ya sin ti
ya sin tus hojas olorosas como el romero y el cilantro
Desde ahora
mi garganta reparte cenizas

¿Qué haré si este desconsuelo me cubre como una sábana de rocas?



Más poesía aquí...



Miroslava Rosales (San Salvador, El Salvador, 1985). Obtuvo el grado de maestra en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Guanajuato. Es integrante de la red de centroamericanistas O ISTMO (Brasil), del equipo coordinador del Grupo de Trabajo Clacso “El istmo centroamericano: repensando los centros”. Ha sido editora de la revista mexicana Cuadrivio. Su trabajo aparece en numerosas antologías de poesía y en revistas de Estados Unidos como Rio Grande Review o Esferas, así como en otras publicaciones de Inglaterra, Irlanda, Nueva Zelanda, Marruecos, España, Canadá, México, Colombia, Perú, Venezuela y Argentina. Ha participado en congresos en España, México, Perú, Guatemala, El Salvador y Honduras, y publicado fotografías en revistas como Azahares. Es autora de los poemarios República del excremento (antología personal mínima) (Editorial La Chifurnia, 2017) y Los tiempos del níspero (Editorial Cerro del Viento, 2017).