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RESEÑA / Diciembre 2018-Enero 2019 / No. 77

Escombros


Aunque la casa se derrumbe
Ana Emilia Felker
México, Ediciones de Punto de Partida, 2017




Escribir es ensayar el mundo, desdoblarlo y tratar de encontrarle las líneas, el secreto, la marca que lo hace nuestro. En Aunque la casa se derrumbe, una serie de once cuentos ensayados, o de ensayos contados, Ana Emilia Felker (1986) nos lleva de la mano a diversas circunstancias de la vida, no tan cotidiana, de algunos lugares y habitantes de la Ciudad de México.

El libro empieza con el texto “Liminales”, en el que una mujer visita sola un hotel de paso para descubrir si en él se juegan los espejos. En el cuarto de baño encuentra un bidet e inicia un recorrido filosófico del tocador y la mirada, la de los otros, la que permite que suceda el erotismo y analiza los rincones, los suyos y los de los espejos para descubrir que “un cuerpo es un abismo inaprehensible”. Seguimos con “Casete marca Tiempo” y conocemos a un vagabundo llamado Salomón que se pone mil máscaras para salir de sí mismo mientras busca un permiso para vender que ratifique su existencia y legitime su vano propósito de supervivencia. En Tepito, dice, “nadie fracasa más que otro”, pero como en la vida nadie perdona a los que se dejan, con él aprendemos que “un indigente es alguien sin gente”, que carga con su vida sobre la espalda.

Al llegar a “Balance de blancos” visitamos un cuarto adolescente en el que cuelga una fotografía del Subcomandante Marcos que tomará vida mientras se narra un viaje periodístico al desierto de la soledad. La librería Jorge Cuesta se convierte en el ejemplo perfecto del ciclo de la vida de los libros y sus escritores: de la computadora a la librería, de la librería a los ojos, de los ojos a la computadora y viceversa. En un giro inesperado llegamos al Orán de Camus convertido en el Bordo de Xochiaca, para analizar la función histórica de la basura en las periferias, salvar el centro, la civilización.

“Películas de amor” nos lleva tras las bambalinas de la mal pagada industria pornográfica de nuestro país, para encontrar a una pareja que guarda bajo llave las películas que han hecho y analizar la figura femenina en una industria (más) en la que se ha tratado de negarla. Mientras, “Lo que pasa en casa” revisa la historia de aquellas que “casi son de la familia” pero nunca lo son, las encargadas no sólo de la limpieza del hogar, sino también del cuidado de los niños, mujeres que viven sin derechos y cuyas familias verdaderas quedan tan lejos que su único refugio es encontrarse con otras como ellas en el parque para contar sus vivencias y tratar de reaprender la vida.

Nos subimos al metro en “Masas (al borde de un ataque de nervios)”, retrato de ese vaivén terrorífico en el que “la angustia se aminora si vamos juntos, hacinados al despeñadero” y a la vez tememos más que nada el contacto con el otro, el ajeno. Bajamos en “Se desfondan cajas”, una reflexión personal sobre la experiencia de las mudanzas y la posibilidad de quedarse con un único recuerdo de cada lugar habitado. Al fondo de la caja somos cada uno de los lugares en los que hemos vivido.

Volvemos, entonces, a la multitud con “Política ficción”, en donde una asistente a una marcha se convierte en el doble de nuestro orejón expresidente: un encuentro cara a cara con la persona política y el miedo que genera el odio de las masas. El último texto es un manifiesto de seis puntos sobre los derechos que exigen las perras callejeras, una metáfora del mundo de la calle, ése que pocos enfrentamos, aunque lo recorremos a diario.

Ana Emilia Felker reconstruye en este libro los hogares que muchas veces no miramos y nos recuerda que nuestra casa es donde están nuestros escombros, “vivir es remover escombros de mano en mano”. Sin duda una lectura recomendable para conocer el universo de los otros.





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Gabriela Ardila Chausse (Ciudad de México, 1989). Estudió Letras Francesas con especialidad en Traducción en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha complementado su educación con cursos como el de novela sin ficción con Jorge Volpi en la UNAM, de poesía con Xevdet Bajraj en el Centro de Creación Literaria “Xavier Villaurrutia”, de literatura infantil en el Fondo de Cultura Económica, así como de literatura y psicoanálisis en Dimensión Psicoanalítica. Ha sido profesora de lengua y literatura.