Números anteriores

ENSAYO / Octubre-noviembre 2018 / No. 76
Breve ensayo sobre la retórica del instante


La aparición de estos rostros en la multitud;
Pétalos en una rama oscura y húmeda.
EZRA POUND


1. Escrudiñaba el armario. Mi padre se había indispuesto: dos sismos en las raíces nerviosas de la columna vertebral y una fiebre irreparable presagiaban su despido en el trabajo. Entre cartas, notas, recibos de luz y uno que otro certificado escolar, yo permanecía estoico. Para ser breve: en ningún instante decliné a la búsqueda de la documentación para que lo pudiesen atender en el Seguro. En una caja oscurecida (porque en mi casa, como cualquier otra casa de Infonavit, la lluvia se transpira con una extraordinaria facilidad) yacía una serie de fotografías en el fondo: bautizos, bodas, fiestas de toda índole, mi tío en el ejército con una AK-47 en cada brazo, el afónico pasado de una infancia que no logro recordar. Al pasar las imágenes, me di cuenta más temprano que tarde de la ambigüedad histórica de cada hallazgo; ajeno a mi familia, pues no tengo una relación clara con aquella estirpe.

Pude mirar a mis tíos abrazados con mi padre, sonriendo como si el mundo no se acabase como dice Charles Simic. Pero es que sí: parece que el mundo se acaba, y yo tengo entre mis manos la memoria de ese mundo, que no es el mismo de antes. Hoy es tan sólo un pedazo de cartón enmohecido, algo que no puedo sostener ni con la mirada.

2. Susan Sontag dice: entre el fotógrafo y el tema tiene que mediar distancia. Un equilibrio preciso entre los objetos, quizá su naturaleza consiste en mutilar: es un carnicero; y su cuchillo, un ojo que todo capta, una consciente y sanguinaria imprecisión. La ley en su lectura nos dicta que la imagen es atemporal. He allí a mi madre en 1985, minutos antes de partir hacia la Ciudad de México. Otra foto: un paisaje boscoso que se prolonga fuera del alcance de la cámara.

El pasado hecho algo físico es tan sólo una voluntad divina. Toda fotografía es un mandamiento.

[El paisaje se surca a través del obturador, llega a otro lugar donde la respuesta deja de ser una conformación de sí. A sabiendas esto, el territorio espacial anula su propósito, vuelve como una interpretación, una saudade de no saber qué se mira]

3. Cosa terrible es la fotografía […] porque el tiempo se venga / de quienes rompen el orden natural / deteniéndolo […] No son música del pasado / son el estruendo / de las ruinas internas que se desploman. José Emilio Pacheco en una entrevista sacó un escombro y dijo fue tomada hace 50 años. Ahí estoy yo con Sergio Pitol y con Carlos Monsiváis. Yo diría: esta piedra mutilada es parte de un sucio álbum azul, éstos somos yo y mi hermano en la parcela de mi abuelo, una larga extensión que aún no trabajábamos pero que más tarde después de invertir tiempo y esfuerzo venderían para pagar el costo funerario de mi madre. En realidad, el tiempo no se venga. Una piedra es otra forma de mirarnos el rostro menos derrotados.

4. Bachelard piensa que la imagen poética no está sometida a un impulso, que a través de ella existe un estado indisoluble. Si bien no todo lo fotografiado es una razón apoyada por la esencia misma de la prosa, nos recuerda que el acto de atrapar la luz es un juego, un déjà vu, un alto a la existencia. En el resplandor de una imagen, resuenan los ecos del pasado lejano, sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y extinguirse. Un nacimiento perpetuo se presenta en la acción: paradójico y bello.

UN ESPEJO ES UNA FOTOGRAFÍA CONVULSA
ANTON BRAGAGLIA, UN INTÉRPRETE:



[Autorretrato, 1913]
 


5. Esquilo da voz a Prometeo y Prometeo da fuego a la humanidad, la humanidad crea la fotografía y la fotografía es: tradición, ecosistema, asesinato, divinidad, ruptura, líquidos y ondas gravitacionales que se alinean.

6. La cámara establece una distancia entre el objeto y el sentido. Hay hechos variables que se entrelazan para determinar un resultado único y perenne. No obstante, la interpretación puede variar: lo que se mira es tan sólo una construcción. La fotografía perpetúa una imagen, no un sentido; el sentido habrá de prolongarse hasta que lo determine el imaginario social. Las palabras subyugan las formas del instante:



TREINTA CADÁVERES [DE LOS 20, 000]: DE UNA GUERRA EN 1862
O
LA ORQUESTA DE UNA CIUDAD DESTRUIDA EN 1985




[Alexander Gardner, 1862]

 
7. La cultura maya desarrolló un sistema de escritura logográfico: imágenes cuya relevancia (entre otras funciones) era sustentar el pasado que habría de mantener una elite en el poder. En 1847, el titulo Guerra de Castas fue un invento para desprestigiar las verdaderas razones del levantamiento. Así como el discurso de las palabras, la fotografía es consanguínea a la mentira, porque no puede abarcar la realidad por completo. Es un fragmento insípido, una máscara que puede revelar nuestra consistencia en este mundo si es despojada del cadáver en la que se posa.

Hay días en los que me veo a través del reflejo de los aparadores de las tiendas en el centro de la ciudad. Es temible cómo el autorreconocimiento nos acecha a cada metro. Recordarse como un ser vivo que deambula como si supiera lo que hace alrededor de largas calles sucias y llenas de gente. Con las ganas de arrancarse el rostro en un movimiento.

La falsedad es un acto despreciable para los justos; para la fotografía, tan sólo es cuestión de estética.






Román Sansores (Mérida, Yucatán, 1996). Obras suyas han sido publicadas en las revistas digitales Monolito y Bistró. Actualmente estudia la licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán.