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TEATRO / Junio-julio 2018 / No. 74
La última rebanada de pizza1
 
Microobra para tres actores 

PERSONAJES
CHESTER
SUZY
VECINA

Un espacio austero. En una mesa con dos sillas de extremo a extremo, están sentados CHESTER y SUZY. Sobre la mesa, en medio de ambos, una caja de pizza. Detrás de ellos, productos orgánicos. CHESTER y SUZY comen pizza. Ríen.

CHESTER: … ¡Que era la última tendencia neoyorkina! (Se carcajean).

SUZY: ¡Parecía pollo adolescente!

CHESTER: Llega, con sus ínfulas de grandeza, meneando el culo de vocho, diciendo: ¿verdad que me quedó igual que a Jane Fonda? (Se carcajean).

SUZY: Y yo de falsa, diciéndole: ¡claro, querida! Pareces Vivien Leigh en sus mejores años… (Se carcajean más fuerte). Pobre idiota. Es el corte de cabello más horrendo que haya visto en mi vida. (Pausa). Te amo.

CHESTER: Yo también. Por cierto…

SUZY: Come… Come antes de que se ponga fría y dura.

CHESTER: Con estas bienvenidas, con gusto regreso.

SUZY: Promete que ya no te irás por largos tiempos.

CHESTER: Por el momento, te lo prometo.

SUZY: Deliciosa.

CHESTER: Exquisita.

SUZY: Digna de aplausos.

CHESTER: Digna de la cocina italiana.

SUZY: ¿Te gustó?

CHESTER: Un orgasmo gástrico.

SUZY: Otro placer compartido contigo. (Pausa). Te amo.

CHESTER: Yo también. Por cierto…

SUZY: Papi, te hace falta pastura, come que se acaba. Con tanto puto maíz que traes en el estómago vas a…

CHESTER: ¡Un mes! Para ser más exactos. ¡Un mes! Analizando el maíz, comiendo maíz, observando el maíz, produciendo maíz, experimentando el maíz, meando maíz, cagando maíz y… Bueno, maíz.

SUZY: Oye… Realmente buena.

CHESTER: Un deleite.

SUZY: ¿Te parece?

CHESTER: ¡Una serenata para mi estómago!

SUZY: ¡Oigo el coro de los ángeles!

CHESTER: A chingar su madre la dieta. (Pausa).

SUZY: Te amo.

CHESTER: Yo también. ¿Y cuánta sangre ha corrido este mes? Puras notas rojas al llegar. Por aquí, por allá, así y asá. Balaceras, muertos, levantones, homicidios… Una pinche catástrofe… Si el pinche infierno está aquí mismito… Debemos poner seguridad…

SUZY: Yo ni por enterada… Oye, la orilla esta deliciosa.

CHESTER: Sí, también las aceitunas.

SUZY: Según yo, odias las aceitunas.

CHESTER: A buena hambre no hay pan malo, mi amor.

SUZY: No cabe duda de que el hambre es el mejor cocinero.

CHESTER: Pues ‘tá cabrona la situación. ¿No crees?

SUZY: Dicen… La amé. En serio.

CHESTER: Hay que ponerle alarma a la casa. Por si acaso. Tanto pinche loco suelto… Mejor prevenir que lamentar…

SUZY: Sí… Más vale prevenir que lamentar.

CHESTER: Así es… Más vale prevenir que lamentar…

SUZY: ¡Shit! ¡Pinche chef cabrón! ¿Qué afrodisíaco le puso a esta pizza? Está deliciosa.

CHESTER: ¿Viste a tus amigas? (Pausa). Mmm, y tiene tres quesos.

SUZY: Cuatro, cuatro quesos. Sí, las vi. A algunas, no a todas. Estuve con Roxy y Kiara… Ya sabes… hablando de sus patéticas y aburridas vidas amorosas...

CHESTER: Qué triste.

SUZY: Sí… Muy triste. (Pausa). Mmm, realmente placentera.

CHESTER: ¡Celestial! ¿Y ahora qué problemas?

SUZY: El problema universal.

CHESTER: ¿Sexo?

SUZY: No. Otro.

CHESTER: ¿El regreso de las Flans?

SUZY: Más grave.

CHESTER: ¿Los guatemaltecos?

SUZY: Otro más grave.

CHESTER: ¡Peña Nieto!

SUZY: Dije problema, no enfermedad terminal.

CHESTER: No, pos no sé.

SUZY: Ego. Simple y llano egoísmo.

CHESTER: Qué triste.

SUZY: Mucho… Les decía que la receta está en dar sin esperar recibir. Dar parte de lo que uno tiene para compartirlo con la otra persona. Ahí está la clave, así de sencillo. El terrorífico secreto de Estado.

CHESTER: ¿Y tú lo haces?

SUZY: Claro, mi amor. Todo el tiempo, porque te amo.

CHESTER: Yo también.

SUZY: Terminamos ebrias. Una pinche cruda de tres días...

CHESTER: Nada que una buena pizza no solucione.

SUZY: Como ésta, ninguna. Pues sí… Por eso intensifiqué la dieta. Pura comida orgánica. (Pausa). Oye, Chester, esto está buenísimo…

CHESTER: Me cae de madre que sí. ¡Oigo las trompetas del cielo!

SUZY: ¡Dios mío, le voy a poner un altar a este cabrón!

CHESTER: ¿Satisfecha?

SUZY: La última y a la cama.

Los dos meten la mano a la caja de pizza. Silencio. Se miran. Largo y tenso silencio.

CHESTER: ¡Ay! ¡Santo cielo! Qué perro sueño tengo. ¿Y si nos vamos a dormir?

SUZY: Tengo que lavar los trastes, mi amor.

CHESTER: Son desechables.

SUZY: ¡Por eso, Chester! Reciclar es bueno para la calentación global.

CHESTER: Calentamiento global.

SUZY: ¿Me estás diciendo pendeja?

CHESTER: Te estoy haciendo una humilde corrección.

SUZY: Muy tarde, ¿no? Por qué no mejor te subes a dormir.

CHESTER: Mejor te ayudo a lavar los platos.

SUZY: Son desechables, Chester. Los voy a tirar. (Pausa.) ¿Satisfecho?

CHESTER: Un poco.

SUZY: ¿Poco?

CHESTER: ¿Te vas a comer la última rebanada?

Largo y tenso silencio.

SUZY: No lo sé. ¿La quieres?

CHESTER: Sería un desperdicio tirarla.

SUZY: Pues sí la quiero. ¿Te molesta?

Largo y tenso silencio.

CHESTER: ¡No, para nada! Cómo crees, mi amor. Digo… Quién quiere la última rebanada de pizza, ¿no? Es hasta patético preguntarme… Una pizza de cuatro quesos, con pepperoni, salami, aceitunas y champiñones recién cortados… Digo... Es absurdo, ¿no crees?

SUZY: Muy absurdo… (Va a tomarla).

CHESTER: ¡Muy absurdo!... Digo… Seis meses tragando maíz… No es importante… Digo… Fue la fuente principal de alimento de los indígenas…

SUZY: Desde hace unos diez mil años…

CHESTER: Pos si… Quién querría la última rebanada de pizza, ¿no?, teniendo comida orgánica sin sabor, alimentos tipo alfalfa, como pedo sin olor en la despensa, ¿no crees? Qué absurdo…

SUZY: Siempre tan generoso, mi amor. Entonces pásame la kétchup.

CHESTER: ¿La kétchup?

SUZY: Sí, mi amor. La kétchup.

CHESTER: La kétchup…

SUZY: La kétchup, Chester. La kétchup.

CHESTER: La kétchup… O sea…, ya te habías tomado el tiempo en pensar qué salsa le pondrías.

SUZY: Ni siquiera lo pensé, fue intuitivo.

CHESTER: Hay diferentes tipos de salsas, ¿sabías? Inglesa, Valentina, Tabasco, chamoy, chipotle, chile seco, habanero, Búfalo, xalapeño, verde, roja, y hasta el final está la kétchup. Si me dijiste “pásame la kétchup”, significa que ya te habías tomado el tiempo para repasar todo el inventario y, al final, después de un fatigado análisis, inclinarte por la salsa cátsup.

SUZY: ¿Te molesta?

CHESTER: (Sarcástico). ¡No! No, mi amor, para nada, cómo crees. Yo encantado de tragar ramas secas.

SUZY: Pues parece que sí. (Pausa). ¿Sabes qué? Ya no quiero nada. Cómetela tú.

CHESTER: Qué bueno… Sabes que llevo seis meses tragando maíz con camote. Así que con permiso y buen provecho, mi amor.

SUZY: Bien…

CHESTER: ¿Y ahora de dónde viene ese “bien”?

SUZY: De nada.

CHESTER: ¿Nada?

SUZY: ¡Nada!

CHESTER: ¿Nada?

SUZY: Sí. Nada, nada.

CHESTER: ¿En serio?

SUZY: Sí, en serio.

CHESTER: No te creo.

SUZY: Me vale madres.

CHESTER: ¡Ah! ¿Ya ves? Entonces sí hay pedo.

SUZY: ¡No! ¡No hay pedo, Chester! Déjalo así, come tu última rebanada de pizza.

Silencio.

SUZY: ¡Ah! Ya no me vas a preguntar…

CHESTER: ¡Oh! Chingada madre, ¿no me estás diciendo que nada?

SUZY: Bueno, pues es que no tengo nada, Chester, pero mínimo que se vea interés, que se vea que sí te intereso. ¡Pero no! Te vale madre, como siempre, todo te vale madre. ¿Sabes? Llevo tres meses tragando nopal por el antioxidante, dos meses tragando jugo verde por la desintoxicación y un mes tragando caldo de pollo por la diarrea que me provocó la purga que me dio tu santa abuela. Lo que equivale a seis meses, mi amor. Y el día de tu regreso, decido embutirme una pizza de pepperoni, cuatro quesos, champiñones y salami, para que me salga Centéotl —príncipe del maíz— con su egocentrismo de: “Con permiso y buen provecho, mi amor”.

CHESTER: ¡Eso! Buen provecho, mi amor. Es un hábito, un modo, una regla, una etiqueta arraigada a nivel mundial.

SUZY: “Buen provecho, mi amor” se refiere a los eructos que hacen los bebés después de mamar leche. ¿Eso quieres? ¿Que amamante? ¿Que suelte eructos acompañados de vómito para que me des palmadas en la espalda como consuelo?

CHESTER: ¡Bien! Princesa de Mónaco: para que vea lo generoso que soy…, le doy la mitad de mi última rebanada de pizza.

SUZY: ¿Eso valgo para ti? ¿Un cincuenta por ciento? ¿Esto es lo que me espera contigo? ¡¿Que me cuentes los chiles?!

CHESTER: ¿Vas a empezar? Suzy, parece que te pagan por discutir. Desde que te levantas, sólo buscas cualquier pretexto para armarla de pedo… Todos los días, cada día de estos cinco años juntos es lo mis…

SUZY: ¡Ya! Olvídalo… Anda… Sé generoso por una vez en tu vida.

CHESTER: (Saca un cuchillo y está por partir la rebanada en dos). La generosidad, mi amor, es un valor de…

SUZY: Ni te atrevas, Chester. Estoy harta de tus consejos de Cuauhtémoc Sánchez…

CHESTER: ¿Quieres partirla tú? Bien, pues pártela tú.

SUZY: Seis meses siendo green girl, mujer vegana, Chester. ¡Seis meses!

CHESTER: Seis meses siendo un maíz con patas, Suzy. ¡Seis meses!

SUZY: Bueno, ultimadamente… ¿Me vas a dar el cuchillo?

Silencio.

CHESTER: Dame una garantía de que no te la comerás.

SUZY: La rebanada está en medio de la mesa, mi amor.

Silencio.

CHESTER: Ya veo… Un enorme espacio entre los dos…

SUZY: Un espacio que siempre se acaba llenando, ¿no?

CHESTER: ¿Por qué no resolverlo de manera sencilla? Te doy el cuchillo, la partes, comemos nuestra mitad de rebanada de pizza y nos vamos a la cama. ¿Te parece?

SUZY: Me parece. Pásame el cuchillo. (CHESTER le pasa el cuchillo).

SUZY: Gracias, Chester. (Observa la rebanada de pizza y, antes de partirla, se detiene y le da una mordida).

Silencio. Largo y tenso silencio.

CHESTER: Habíamos hecho un trato…, ¿no?

SUZY: Sólo fue una mordida…

CHESTER: ¿Así vamos a jugar?

SUZY: Tengo hambre, mi amor.

CHESTER: Tengo tapado el esfínter por tanto puto maíz, mi amor.

SUZY: ¿Disculpa?

CHESTER: Estamos discutiendo…

SUZY: ¡¿Qué?!

CHESTER: ¿Por qué mordiste mi rebanada?

SUZY: ¿Tu rebanada? A ver, Chester, cálmate. No vamos a echar a perder el momento, es sólo la última rebanada de pizza.

CHESTER: Pero esa rebanada… (Grito de guerra). ¡Es mi rebanada!

SUZY: Rebanada que decidiste compartir conmigo…

CHESTER: ¿Yo? ¿Cuándo? ¿Tienes pruebas? ¿Algún indicio? Cada día te pones más loca.

Silencio.

SUZY: ¿Loca? (Rompe en llanto). ¡Loca! Ahora me dices loca. ¿Tienes mierda en la cabeza? ¿Te golpeaste con el pavimento? Me acabo de enterar de que mi novio, quizá mi prometido —o eso pensaba— es un avaro misógino…

CHESTER: ¡Estás loca! Me fui a partir el lomo, cual mano de obra esclava, para traer un poco de felicidad, con una pizza...

SUZY: ¡Ahora me reprochas!

CHESTER: Tienes despensa orgánica, panes importados, la nevera llena de césped. Prefieres comer lo que sabe a culo por tus huevos, no por los míos. Ahora, de la manera más educada y serena… ¡Dame mi rebanada de pizza! (Se acerca a ella).

SUZY: ¡Retrocede! No te me acerques o recogerás tu rebanada de pizza en el caño.

CHESTER: Lo vi, lo vi. Desde que te despertaste pensaste en los ingredientes, moldeabas tu plan macabro…

SUZY: A ti ni siquiera te gustan las aceitunas.

CHESTER: ¡Mis huevos! ¡Lo tenías planeado! Querías distraerme con temas patéticos como el corte de cabello del culo de vocho, pero en el fondo eres mezquina.

SUZY: ¿Ah, sí? ¿No que tenías mucho sueño? Mentira. Falso como tus promesas de amor. El sueño sólo era una treta, conmigo no finjas. Si crees que soy pendeja, Chester. Esperarías a que me durmiera, para que así, sólo así, bajaras y te comieras mi pizza. Pero sabes, Chester… Yo conozco gente. Conozco gente que por unos cuantos pesos y mi vagina abierta harían lo que sea para vengarme.

CHESTER: ¡Mi amor! Estás loca, te invito a que hagas un aterrizaje a la realidad… (Se acerca más hacia ella. SUZY toma el cuchillo). ¿Qué? ¿Qué haces?

SUZY: Di que es mi rebanada.

CHESTER: Suzy, tengo hambre.

SUZY: ¡No tienes hambre! ¡No mientas! Conmigo no finjas, Chester. Quiero esta rebanada de pizza.

CHESTER: Le diste una mordida. Acepté que la partiéramos a la mitad… ¿Qué más quieres?

SUZY: La pizza y nada más que la pizza. ¡Dilo!

CHESTER: ¡No! Tengo demasiada hambre. Dame mi pizza.

SUZY: ¡Es mi pizza!

CHESTER: ¡Dame mi pizza o soy capaz de meterte la mano al culo para sacártela!

SUZY: ¡Di que es mi rebanada!

CHESTER: ¡Que me des mi pizza, puta!

Silencio.

SUZY: ¿Cómo me llamaste?

CHESTER: Mi pizza… Pu-ta.

SUZY: Repítelo.

CHESTER: ¡Puta!

SUZY: ¿Puta?

CHESTER: Sí. ¡Pu-ta!

SUZY: No sabes con quien te metiste, Chester. (Rompe en llanto). Ahora sí me has lastimado. Pero estáte al corriente, pendejo, que conozco gente, y esta ofensa me la pagas. Pero no vamos lejos… Escúchame muy bien, desgraciado. (Lo persigue con el cuchillo). No necesito tu dinero para mis dietas, porque ahora voy a acostarme hasta con el perro de la esquina para que sepas valorar lo que hoy dejas ir, con el primero que me haga gua-gua, y sin queja me compre mis productos orgánicos. Voy a dedicar mis días a acusarte ante la ley de violación física, de extorsión y de violencia psicológica, para que te refundan en la cárcel. Y si no encuentran pruebas suficientes, voy a difundir con tus amigos que el pene te mide menos de 10 centímetros, y que sufres de halitosis, flatulencia crónica y eyaculación precoz. En cada fiesta que te pares, mi cielo, habrás deseado no levantarte. Mi relación contigo se prolonga indefinidamente, hasta que te cagues en tu propia mierda. ¡¿Ves este cuchillo?! ¿Lo ves? ¡Míralo bien! Algún día cuando tengas ochenta años de una tacaña vida, te lo voy a meter por el culo, hasta que vomites y lo escupas por la boca. Te voy hacer pasar por un sinfín de humillaciones. Cuando pidas a gritos que Dios venga por ti, voy a tener lista tu lápida que dirá lo siguiente: “Aquí se pudre Chester, el perro poco hombre que le quita el pan a su mujer”, mientras tu cuerpo sirve de alimento para las ratas. Y así, sólo así, mi querido “amor”, podre irme en paz y satisfecha de que hice de ti un hombre de bien. Un hombre que entiende la reciprocidad.

CHESTER: Bien. ¿Quieres cenar, mi amor? Pues que comience la cena. (Saca de la caja un sinfín de pastas y arroces). ¡Vamos a cocinar! ¿Por qué tan seria, mi amor? Anda, cocinemos, que no me amarré seis meses entre maizales para terminar con el estómago vacío, ni mucho menos para que me salgas con esa estupidez de que estás a dieta. Anda, abre la boca. (Le abre la boca a la fuerza y le mete las pastas y los arroces sin cocer).

SUZY: (Se le abalanza. Forcejean. Lo ahorca contra la mesa). ¡Ése era mi arroz integral orgánico, pendejo! ¡Cuesta más de 150 pesos, gracias al puto dólar! (Lo ahorca).

CHESTER: Eres más falsa que tu cintura con faja.

SUZY: Bien, mi amor. ¿Eso quieres? Pues comamos. (Toma las pastas y los arroces y se los avienta poco a poco al piso). ¿Pero qué ocurre? Anda… Qué aguafiestas eres… Recordemos esas veladas en el Pacífico.

CHESTER: Suzy, creo que esto llegó a su límite. Dame la pizza, por favor. (Llora). Por favor, mi amor. Dame la pizza. Tengo demasiada hambre.

SUZY: ¡Ay no, cosa!… Va a llorar… (Se carcajea). ¿Les hablamos a los bomberos? Híjole, nomás que no tengo su teléfono. Esto está buenísimo… Como para cámara escondida…

CHESTER: ¡Basta! ¡Qué te hice, mujer! No te he hecho nada comparado contigo. Maldita sea, nada. Sólo tengo hambre. Yo también te amo…

SUZY: El “yo también” es el “te amo” de quien no te ama. ¿Piensas que soy pendeja?

CHESTER: Basta…

SUZY: ¡Santo Dios! Mírate nada más… Patético. Aprende a ser hombre. ¿No querías cenar? ¡Pues cocinemos! ¡Oh! Aquí hay pizza. (Toma la rebanada). ¿Quieres? ¿No? Bueno… Tú te lo pierdes, porque está buenísima. (Intenta darle una mordida. CHESTER se abalanza. Se ahorcan mutuamente).

CHESTER: ¡Perra! Igual que todas…

SUZY: ¡Suéltame!…

Entra sorpresivamente la vecina. CHESTER y SUZY se acomodan en sus lugares, como si nada hubiese pasado, sonriendo falsamente.

VECINA: ¡Vecinos! Dispénsenme, la puerta estaba abierta y pos yo entré. Les traigo unos tamalitos de pata con mole que hice por el santo de mi Catarino… que gracias a Diosito llegó sano y salvo de la frontera… Con lo fea que está la cosa, ¿verdad? Ya siquiera mi niño está en casa… ¡Pero si están comiendo pizza! ¡Ay, tú! Con lo que me gustan las pizzas… A ver a qué sabe… ¿Puedo probar? ¿Sí? Gracias, son un amor mis vecinitos. Con permisito… Yo ya aquí de metiche, ¿verdad? Sólo será una rebanadita, nomás pa’ saber a qué sabe, no vaya a salir mi bebé con cara de pizza, ¿verdad?… Con la canija hambruna que me cargo… (Toma la rebanada de pizza y se la come). Pues así que digan buena, buena, buena, buena, buena, no, ¿verdad? Nada como mis tamalitos de pata con mole… Bien, vecinitos… Un gusto. Se los comen luego, que están recién saliditos. Besos, cuídense, Dios me los tenga en su santa gloria.

Se va. Silencio.

SUZY: Creo que alguien se merece una disculpa… Merezco que mínimo pelees por mí.

CHESTER: ¿Pelear por ti? Ni que fueras la última rebanada de pizza.

FIN





1 Estrenada en MicroTeatro México: temporada "Por Pan", 2016.

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Alan Blasco (Xalapa, 1992). Licenciado en Teatro por la Universidad Veracruzana, estudia en la Escuela de Cine “Luis Buñuel”. En 2013 estudió dramaturgia en la Escuela de Escritores de Madrid. En 2015 fue becario de verano de la Fundación para las Letras Mexicanas en el perfil de dramaturgia. También como dramaturgo, fue becario del PECDA en la emisión 2016. Como director ha trabajado para MicroTeatro Veracruz, México y Guadalajara. Entre sus obras escritas están: Amor, locura y cartera vacía, En línea, No tiene nombre, La última rebanada de pizza, El casting, El sueño, Cena para llevar, Un velorio inolvidable, TILI TILI BOM, Psicomanía, Tarde para arrepentirse y ExSexo (Premio Independiente de Joven Dramaturgia “TeatroSinParedes” 2017). Ha trabajado para distintos grupos y compañías independientes, principalmente como actor y dramaturgo. Ha presentado su trabajo en festivales, encuentros nacionales y estatales, y ha incursionado en el teatro laboratorio, del cuerpo, de calle, contemporáneo y experimental. Fue profesor de expresión corporal de la selección nacional de gimnasia rítmica e integrante del seminario de dirección escénica coordinado por Gabriel Figueroa.