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RESEÑA / Febrero-marzo 2018 / No. 72

Ronroneos y piruetas en el tiempo


El gato del Viajero del Tiempo
Alberto Chimal
Buró blanco/Posdata, Colección Hormiga Iracunda, 2014



Aunque la minificción es un género con un rico pasado, en los últimos años ha ido creciendo el número de adeptos, tanto escritores como lectores. Su brevedad la hace propicia para ajustarse tanto a las limitaciones de los medios virtuales –en los que el número de caracteres es restringido– como a las necesidades de los usuarios de internet, que muchas veces prefieren la inmediatez en sus búsquedas o en sus lecturas; en un mundo tan ajetreado, donde las personas corren, las historias también.

Sin embargo, la brevedad que posee este género no es sinónimo de carencia ni de literatura escueta, pues se reconoce en ella el poder condensador de la palabra. Dado que hay una extensión ceñida en estos textos, cada elemento debe ser colocado con precisión de forma en que estilo, anécdota, estructura, jugueteo, tema, idas y vueltas se fundan en la máxima expresión de cada palabra. En este sentido, el alcance de una minificción podría recordarnos al de un poema, cuyos vocablos se llenan de sentido en pos de la interpretación, la evocación de imágenes, sensaciones y posibilidades: cada voz debe ser puntual en oraciones mínimas. La minificción se vuelve un vistazo que destella en la mente del lector y desencadena en él, el deshebrado de la expresión.

Alberto Chimal es un excelente ejemplo no sólo de este tipo de narrativa, sino de lo que se ha llegado a hacer al combinar los pros y contras de la tecnología con la literatura. En su cuenta de Twitter, el autor mexicano ha experimentado con las historias, con la manera en que pueden relatarse y las pinturas que pueden sugerir, así como la relación de éstas con los contextos de cualquier tiempo y espacio. Si a estos mini laberintos creativos, le agregamos personajes entrañables, las posibilidades son inmarcesibles.

De esta manera, Posdata Editores, en su colección la Hormiga Iracunda, pone en nuestras manos El gato del viajero del tiempo que reúne varios asomos al trabajo de Chimal en la minificción. En este libro, el lector conoce a Miau, un gato que, siguiendo el ejemplo de su compañero humano, tiene muchas aventuras en diferentes épocas y lugares. El autor nos presenta una serie de minificciones en las que el lector se ve sumergido en diferentes cuadros, cada uno expresado tan sólo por una pincelada de letras que dibuja los renglones suficientes para convencernos de seguir al gato en sus ocurrencias.

Las experiencias del minino van desde visitas a la época prehumanos hasta coincidencias con artistas, filósofos y personajes históricos. Miau no tiene reparo en disfrutar cada paso que da en los surcos temporales e incluso disfruta haciendo unos nuevos.

–No es que haya muchos gatos parecidos –dice el Viajero del Tiempo–. Todos son él. Las fotos y pinturas son de su fase “Quiero retratarme con famosos”.

Estos viajes ilustran los círculos, espirales y líneas discontinuas que sigue el tiempo. Un día, por ejemplo, Miau puede estar multiplicado en un espacio único, mirándose a sí mismo, contemplando cómo degusta la leche en su tazón o cómo el otro Miau, el mismo Miau, el Miau de mañana, descansa del ajetreo de las ciabogas.

Los viajes del minino y su humano son vertiginosos, después de unos cuantos renglones, el viaje continúa y tenemos que dar vuelta a la página una y otra vez. Algunas veces, será una aventura instantánea, pero en otras, necesitaremos un momento de cavilación para recuperarnos y proseguir; tal como en un peregrinaje o una exploración de tierras desconocidas, aunque conocidas. Estas velocidades y frenos le dan a la lectura un ritmo variado: ágil y deleitable.

No obstante, a la mitad del libro, el lector deja de disfrutar las ocurrencias de Miau para encontrarse con los pequeños relatos del humano Viajero del Tiempo. Los episodios de este nuevo protagonista (o antiguo, si tomamos en cuenta que el libro precedente a El gato del viajero del tiempo es El viajero del tiempo) son interesantes, pero no se notan tan chispeantes después de haber sido testigos de las travesuras de un gato digno de ser el estelar de los videos de YouTube. La ventaja del Viajero es que él puede hablar y entenderse con aquellos personajes que visita; por el contrario de Miau, cuyos decires se construyen a través de lo que el propio Viajero y el narrador nos dicen de sus acciones; a pesar de ello, Miau es tan fuerte en las letras de Chimal que se vale por sí mismo frente a sus espectadores.

Al decir que los textos del Viajero no son tan chispeantes, no me refiero a que sean menos ingeniosos, sino a que el humor felino y juguetón disminuye para dar paso a una atmósfera más humana. Quedan atrás los saltos, volteretas y ternuras que provoca un animal peludo para encontrarnos ahora con minificciones que atesoran un humor más elaborado y que con el paso de las páginas se perfilan hacia el punto final de los tiempos y de los textos.

Finalmente, me gustaría destacar los guiños a la ruptura de la cuarta pared, en los que el lector puede ver cómo el Viajero y el autor discuten sobre lo contado:

El Viajero del Tiempo fue a todos los cines de la ciudad que ahora exhiben pornografía.
–¡Es decir, fui antes de que fueran cines porno, Alberto, aclara!

Sin lugar a dudas, esta pequeña gran obra de Alberto Chimal es un ejercicio de escritura y lectura que inspira. El lector no sólo se encuentra con una narrativa sencilla (mas no simple), sino con un mundo lleno de intertextualidad, de referencias culturales y perspectivas que rondan la maravilla del tiempo. “¿Qué es el tiempo?”, nos preguntamos todos al contemplar al gato que posa ante el pincel de Remedios Varo, al mismo tiempo que le inspira a Baudelaire un poema, al mismo tiempo que toca el piano en un video viral de internet, al mismo tiempo que Monsiváis lo abraza, al mismo tiempo que se despide de nosotros para regresar con el Viajero, al mismo tiempo que regresa para un nuevo episodio.





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Kari Martínez Zúñiga (Ciudad de México, 1989). Es egresada de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras-UNAM, y realizó estudios de posgrado en la maestría en Lingüística Aplicada de la misma Universidad. Ha colaborado con cuentos y artículos en la revista electrónica Penumbria.