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POESÍA / No. 70-71
“Éxodo”, del poemario Cachalote
 





El sueño un cardumen de peces

Naves surcan huracanes, los cazan: dulces nebulosas convertidas en salitre; canto y murmullo de la gloria entre la sangre y la penumbra. Aquines encalla su locura, cuando el insomnio dibuja un espejismo sobre la costa; estrella desnuda. La mañana revela la sangre del sol esparcida sobre el azul de mandingas que avistaron bestias en el borde del cielo.



El aire, agujas sobre la proa


El pez que no es hombre divaga ante la zozobra de esta embarcación que no agota su marcha. El recuerdo se hizo ceniza en el paladar de Aquines, azotado por la misma sombra del mástil, la muerte deja sobre sus velas una oración. ¡No pretendo decir nada! –Piensa Sólo soy el que ata las cuerdas al oleaje de un océano que no olvida la cordura sobre el tentáculo de la rémora. 




He dicho todo en este viaje


Sobre rémoras he arrojado la cordura. Todo grita: las olas, el extravío, el océano ungen las mortajas de varias sirenas, eclipsadas donde alguien se atrevió a beberse la muerte. He dicho todo del exilio. El grano de arena que llevo a cuestas da para un desierto que se despoja de claridades. El tiempo se pierde y la gaviota improvisa la ruta del silencio. 
                                 


Recuerdos antes de la travesía


*
Arriban socavones, delirio de gotas en la proa.
Sueño teñido con salitre.
Aguja que zurce el cuello del cielo
al aliento del cosmos.
Huracán en Martinica.
Eclipse de huesos la gaviota.


*
Rezo pirata, hoz del insomnio.
Barco; caracol trashumante,
borde de navaja sobre el roce del oscuro exilio.

Brazada de marinero:
pedazo de fragata
devela en el catalejo, la mañana.
Vaivén de sangre seca.
Resaca del cachalote.


*
Los marineros suspiran en el lomo de una estrella.
El hombre que no es pez atranca sus lágrimas
                                                         en el solsticio. 
Mañana no habrá arena en los pies de un cadáver.
La tarde se hizo para callar el llanto.



Salpicar la luna

 

 

*



Un cachalote corta el cielo nocturno, salpica la luna y tres marineros derraman versos salitres como luces de bengala en el mar que decreta la sombra y en el rostro de los galeones, gotas del cielo encallando en las manecillas de un reloj pirata firmemente arraigado al canto de las sirenas. Lo escuchamos gruñir lleno de algarabía por la migración junto a las estrellas. Cachalote rasguñado por el anclaje de almas vírgenes disfrazadas de muerte.


*



Aquines no tuvo talón de Aquiles, pero fue navegante. Inventó algunos mares tras cada viaje. Aquines-Hawkins. Aquines-mercader. Aquines-corsario. Aquines-cachalote. Hijo del siglo XVI. Sir John Hawkins, hijo de Plymouth, dejó viuda a Puerto Rico un 12 de noviembre de 1595. Aquines sigue navegando en estas páginas. Eso cuenta una bitácora de viaje que naufragó antes de llegar al poema.


*



Aquines apunta hacia la isla. Ahí vio al cachalote encallado en palma de su mano, su arpón, estrella sin brillo, parece un calamar echado al mar señalando la ruta al Atlántico Sur: nido azul donde todo marinero se vuelve pez entre la luz de la mañana.



*



Un almirante ancestral invoca los restos del pez que agitan corales imantados por tortugas trashumantes, el gran pez-hombre dibuja un alarido primigenio, escucha el alma de naufragios que marineros regurgitaron hace cuarenta días. Tres marineros amortajados por la caricia de cangrejos.
Cachalote, lunar marino en el cráneo de las rocas.



 

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Aarón Rueda (Las Choapas, Veracruz, 1986). Estudió Tecnología Ambiental en la Universidad Tecnológica de Tabasco e Ingeniaría Ambiental en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Su obra poética aparece en revistas y antologías de El Salvador, Brasil, Colombia, Perú, Chile, India, Estados Unidos y México. Ha publicado los poemarios: Remos de Sal (Letroleum, 2012), La sangre florecida (Floricanto, 2013), Arrullo de la tierra (UJAT, 2013), Despliegue de colores donde todo parece oscuro (UJAT, 2015) y Cachalote (IMCT, 2016). Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos (2012), el Premio Universitario de Poesía Teresa Vera (2014) y el Premio Nacional de Poesía Ramón Figuerola Ruiz (2015), así como las menciones de honor en el Premio Hispanoamericano de Poesía de San Salvador (2016) y en los Juegos Florales Nacionales de Toluca (2016).