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POESÍA / No. 70-71
“Sigue al conejo blanco” y otros poemas
 





Urbano


perros en el parque tamberos la rutina incierta
de una patrulla a 10 k/h mecánicos roncando
a pie de banqueta no puedo mirar más allá
de la cuadra porque la ventana sólo conoce bardas
burdeles clausurados autoservicios parejas
que se habitan por los poros estacionamientos
con descuento después de cinco horas de servicio
la lluvia hidratando mis rizos niños rayando coches
este lugar es pequeño frío e incómodo pero es
para lo que me alcanza afuera futuros delincuentes
sueñan con muchachas azules y diez fajos de billetes
en la mochila el humo de cigarro anuncia un nuevo día


Insomnio

son casi las 3 a.m. a pesar de la fatiga
sigo pendiente de los recuerdos la luz del pasillo
alumbra el dolor de los vecinos pienso en aves
en playas en olas gigantes donde se entretienen
muchachas inmortales la pocilga en la que vivo
es criadero de polillas mi hijo duerme a sueño suelto
la mujer que amo duerme sobre mi cabeza
sigo pendiente de los recuerdos de los árboles
de los rincones de paso del pavimento mojado por mi vómito
del calor de Acapulco                     de pronto una ambulancia
avanza a todo volumen por la calle
la noche incrusta su sonrisa helada en mis pupilas
resisto con la voluntad de alguien sitiado por la depresión
en los últimos meses y cruzo los brazos intentando
comprender el idioma de esta ciudad que se hunde
en malos sueños y burbujas inmobiliarias



“Sigue al conejo blanco”: 2013


conocerás una chica en la penumbra de una mañana
de septiembre u octubre la resaca no será un problema
fumarás como incendio forestal no preguntarás
su nombre ni dónde vive ni a lo que se dedica
platicarás con los demás sobre el tsunami
de corrupción profesional que ataca al país
la espiarás con los ojos cerrados tu memoria
obturará su belleza tropical su vestido floreado
su voz aguda partiendo en cachitos a tu corazón
llegará la tarde le preguntarás datos sin importancia
te despedirás y el mar seguirá siendo un pequeño
infierno al que acudir para curarse un poco de tristeza
y recuperar la sobriedad cada domingo por la tarde



Situación laboral


que no tengo talento por eso no pueden
subirme el salario que deje de pensar en el mar
y los asesinatos de Santa Lucía pues no soy
de allá pues allá ronda una versión melódica
de la xenofobia pues sólo queda mirar fotografías
pagar intereses bancarios besar a mi mujer
romper las cuerdas del coche y la bicicleta
que no debo escribir más poemas porque
la genialidad no está en oferta en estos días
aunque lo parece que debo irme a la cama
mañana será otro día duro para santificarme
bajo los caprichos del jefe que se la vive
jugando al solitario o escapando de la oficina
a cometer adulterios y otros asuntos de macho
que debo conseguir una palanca no sé
si de velocidades o de primer género
para catapultar los poemas y el salario




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Geovani de la Rosa (Pinotepa Nacional, Oaxaca; 1986). Acapulqueño por elección. Beneficiario del Fonca en poesía durante el período 2012-2013. Uno de sus cuentos aparece en la antología de cuento infantil Nahuales: los guardianes de la tierra (Fondo Regional para la Cultura y las Artes Zona Centro, 2013). Es autor del libro Babélico (Praxis, 2012; Premio Estatal de Poesía María Luisa Ocampo 2011) y de la plaquette de cuento Aquellas noches de perros tiburón (Editorial De Otro Tipo, 2015; Premio Estatal de Cuento Joven Guerrero 2014). En 2016 recibió el Premio Nacional de Cuento Acapulco en su Tinta.