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POESÍA / No. 69
Cuatro poemas de Canciones a las estrellas



Tom Cruise quiere que firme un documento donde acepto ser un extraterrestre

La tenacidad de Tom Cruise es una constante en todos sus proyectos
lo mismo que la masturbación 
que le provoca verse volar por un edificio de 80 metros a sus 15 años,
a sus 20 años,
a sus 28,
a sus 45,
a sus 63,
a sus 815.
Porque Tom Cruise afirma,
como muchos de nosotros,
que las almas son imperecederas
pero él sostiene con rigor y valentía 
que el drama post mortem es
una película de acción intergaláctica.
Me dice que con esta información me está ahorrando millones de dólares.
It’s a gift, a secret.
I can tell you more if you sign here.
Pregunto si hay una asimilación fisiológica del dogma
que estoy por asumir:
¿me saldrán tentáculos del pecho?
What the hell! No!
Tom Cruise sonríe.
La habitación explota.
Ambos salimos disparados a una velocidad imposible.
Sangramos de la nariz.
Conservamos el peinado.
Tom Cruise sonríe.
Es un buen tipo.
No hay forma de escapar.



Cuando encuentre a Scarlett Johansson en el café del barrio

No prefiero el amor si no estás tú
y el horizonte de una calle que desemboque en nuestra casa.
Nuestras manos cosidas al sol muerto del ocaso
se vuelven invencibles
cuando comparten la humedad y el instinto.

Podemos ser un cataclismo hermético,
gozar sin cansarnos la destrucción nocturna,
el río corriente,
los estómagos desesperados
en el festín de la caverna,
las flores que no cuentan en el ramo dejado
al centro del buró,
muy cerca de la cama
donde hay un ruido
de curvas y ardores rutilantes,
donde estás tú 
y las horas de espera en la puerta de tu casa
y el sabor del tornado
en que quedamos antípodas 
de nosotros
en nosotros.



Jim Parsons discute sobre la conveniencia de que los homosexuales celebren la Eucaristía

Una cosa es casarse
y otra comerse a Cristo
aunque Jim no tenga problema en aceptar las dos.
Reconoce, no obstante,
que perpetuar la terca costumbre de creer
en un Dios que hay que comer a diario
para cumplir su voluntad
no debe estar en la agenda.
Ya de por sí la homosexualidad es redundante,
ironiza,
y añadir el bucle de la necroantropoteofagia 
es complicar aún más
las definiciones.

Hay que centrarse en el amor,
concluye,
y en las estrellas
porque un cuerpo tan querido e idéntico al de nosotros
también puede estar lejos,
y, a pesar de ello,
vaciarnos con su mirada
cuando estamos solos.

El amor es mucho más que genitales.

Es el cielo –metáfora tan vana–.

No es necesario comerse a nadie,
para levantar un muro aquí,
otro allá,
y construir un lecho
donde perviva una boca,
un pie,
los dedos,
el hueso pélvico
y, por qué no,
la saliva.



Mi padre

Nunca supe ser hombre.
Preferí el pecho de mamá a las pistolitas de plástico.
Preferí sus manos que aplacaban las muecas de dolor
provocadas por los balonazos en la pierna
a la patineta, la bici, los amigos de la calle.

Nunca supe ser hombre.
Tenía un terrible temor a la noche
y a las casas de espantos.

No aprendí a usar los desarmadores
ni el martillo. 
No sé para qué sirven las diferentes tuercas
ni me interesan las revistas de autos.

Nunca supe ser hombre.
No obligo a las chicas a hacer el amor
ni les palpo los senos si ellas no quieren. 
No les digo que me masturben ni que miren porno conmigo.
Yo no veo porno.
Tampoco sé cómo dirigir un puño al rostro enemigo.
Mis fibras musculares son delgadas.

Nunca supe ser hombre.
Cuando quiero gritar de coraje, de rencor,
de displicencia: lloro.

No me interesa tener un trabajo estable
ni preservar mi apellido.
Me es más grato lavar los trastes,
asear la cocina. 

Nunca supe 
ser hombre:
la ausencia de mi padre es una plaga inmortal.
 

­Samuel Lagunas (Querétaro, 1990). Es licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM y estudiante de la maestría en Estudios Latinoamericanos en la misma institución. Ha publicado los poemarios Todavía mañana (Mantis Editores, 2013), Plegaria por la destrucción universal (Hebel ediciones, 2015) y Godfully (Diablura ediciones, 2016). En 2016 su poemario Canciones a las estrellas fue ganador de los IX Juegos Florales Ramón López Velarde. Es colaborador habitual, como ensayista y crítico de cine, de los sitios CineDivergente y CorreCámara.